ACERCA DE LA MUERTE



Llevo unos días salteados en los que me pregunto y reflexiono porqué sufrimos tanto (TANTO, TANTÍSIMO, así en mayúsculas) cuando alguien a quien queremos, se muere. Lo digo especialmente porque tengo una debilidad en ese aspecto.

Imagino esta situación: si una persona me dijera que se va de viaje a un sitio hermoso por una larga temporada, donde no va a tener mucha conexión (nada de teléfonos, ni internet, ni correos...) pero va a estar tremendamente feliz, ¿me entristecería?

Yo creo que por mucho que supiera que l@ voy a echar de menos, me alegraría por él/ella. Y si además, me diera un billete de avión con todos los gastos pagados para ese viaje y con la libertad de poder ir más adelante, cuando fuese oportuno, ¿me entristecería? ¿Tendría dolor? ¿Sufriría?

Con lo que a mí me gusta viajar, va a ser que no ;)

Aunque la despedida fuese momentáneamente triste, una vez que saliera del "aeropuerto" al que l@ he acompañado, seguiría haciendo mi vida. De vez en cuando, me acordaría de la persona en cuestión y sonreiría sabiendo que está feliz y que algún día nos reencontraremos.
Entonces, por qué tanto dolor ante la partida de alguien a quien queremos. Más pronto o más tarde, todos vamos para el mismo sitio (como decía Facundo Cabral).

Sin duda, tiene que ver con lo que la mente nos cuenta sobre eso. El ego inseguro nos avasalla con innumerables creencias que nos azotan provocándonos sufrimiento:
"Es injusto. No tenía que haber pasado. Por qué tienen que ocurrir estas cosas. No era el momento. L@ necesito. No podré vivir sin él/ella. No podré soportarlo. El mundo es muy peligroso. Me puede pasar a mí. O le puede pasar a... (alguien a quien quiero mucho). Esto no debería haber ocurrido...."

Esta lista puede estirarse mucho según el caso.

Pero si en vez de pensar estas cosas pensáramos que "al otro lado" la persona está en una fiesta, que es feliz, que ya no siente dolor, que no la hemos perdido "para siempre". Que es pasajero.... El dolor se aliviaría mucho (obviamente esto es válido sólo para los que creemos en una vida después de la muerte). Con esto no quiero decir que me sienta preparada para afrontar algo así (hago hincapié en que sólo es una idea que me ronda por la cabeza).

Siempre he dicho que el día que me muera me gustaría que me incinerasen y que esparciesen mis cenizas en el mar (una tarde, con el mar en calma), o en un bosque, campo, montaña... La cuestión es que sea en la naturaleza. Sin embargo, hace poco leí sobre Sophie Calle, una artista francesa que no conocía pero llamó mi atención al decir que estaba preparando una fiesta para el día de su muerte. ¡Me pareció una idea genial! Me uno a este detalle (a parte de lo de ser esparcida). ¿Por qué seguir con esta cultura de dolor y sufrimiento? ¿Por qué no estar abiertos al ciclo natural de la vida? De hecho, hay otras culturas que lo hacen así.

Uno de los miedos más limitantes en el ser humano es el miedo a la muerte. Éste, a su vez, genera el deseo de seguridad, al que Lester Levenson (creador del poderoso Método Sedona), puso mucho hincapié en que tenemos que liberar.

Ese deseo le dice a nuestro subconsciente que NO estamos seguros y por tanto atrae más inseguridad. Al soltarlo, le damos todo el espacio a la seguridad.

Creo que otra cultura acerca de la muerte, otro enfoque, puede (en parte) ayudarnos a superar ese miedo, a afrontarlo de otra manera.

Saber que cuando te vayas al menos dejarás como despedida una fiesta para las personas a las que quieres, en mi opinión, resulta más agradable y de paso, tienes la posibilidad de aliviar un poco el posible dolor de ell@s.

(Obviamente, si la persona siente dolor y quiere llorar la pérdida un tiempo, no se debe suprimir. Presionar la emoción, empujarla hacia las profundidades de nuestro ser, es lo peor que se puede hacer. Es mejor desahogarse y lo ideal, liberarlo. Darle la bienvenida al dolor y dejarlo ir. A esto también habría que añadir cualquier tipo de apego ya sea a la persona, a la emoción o a los pensamientos dolorosos).

¿Qué opinas?



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