RELATO REFLEXIVO: EL ABUELO DE EZEQUIEL (4ª parte)


Se acercaba el final del otoño y las bajas temperaturas anunciaban lo cercana que estaba la estación más fría del año. Era fin de semana y, como era costumbre, Ezequiel había ido a visitarlo.

–Reúne el valor necesario para decir lo que piensas –le dijo con voz apagada– y te lloverán enemigos donde jamás llegaste a vislumbrar.
–¿Por qué ocurre eso? –le preguntó con voz inocente el niño que, apoyando su cara sobre sus manos, con los codos reposando en el mullido colchón, no cejaba en su empeño de llegar hasta lo más profundo de la sabiduría que su abuelo albergaba.

El hombre tomó aire profundamente y lo exhaló despacio, sin prisas, perdido en sus pensamientos. Las nubes que arrojaban la suave llovizna que, durante toda la mañana les había acompañado, cubrían de un manto gris las calles. Desde aquella minúscula habitación, sólo podían ver las gotas adheridas al cristal unas, mientras que otras caían por su propio peso, dejando una estela en su camino.

El niño esperaba paciente. Estaba acostumbrado a los tiempos de su abuelo.
–La verdad es como un espejo que se muestra sin adornos Ezequiel..., y no todo el mundo está dispuesto a verse desnudo. Hasta los que se jactan de ser sinceros, claros, de ir con la verdad por delante, se pueden volver en tu contra si muestras tu opinión contraria, tu falta de apoyo a su forma de ver las cosas o si señalas sus puntos débiles.
–Pero tú siempre me dijiste que hay que ser honesto con uno mismo y también con los demás. Que ese es el camino de los valientes.
–Así es, pequeño, así es... De ahí que la verdad sólo sea para los valientes. Primero, porque se necesita valor para mostrártela a ti mismo, para estar dispuesto a escuchar y a reconocer lo que los demás ven en ti. Ese es el punto más importante... No es fácil admitir los propios demonios. –El hombre se detuvo. Su forma de hablar pausada hacía que el niño asimilara mejor sus lecciones. –No sólo se trata de ser honestos, Ezequiel, –continuó, –sino de ser humildes. La verdad es una luz que puedes pasar toda tu vida tratando de tapar y, llevado por ese sobreesfuerzo, acabar agotado de tanta lucha. O puedes simplemente rendirte a ella y dejar que te lave y te purifique. Cuando irrumpa en tu conciencia, te transformará.

El anciano volvió a su silencio. A veces miraba la ventana absorto viendo la lluvia caer. O cerraba los ojos y se dejaba llevar por el sonido de las gotas al chocar con todo aquello que formaba parte de aquella calle solitaria.

El niño pensaba en lo que su abuelo le estaba explicando, sólo que ahora temía que llegara el momento de retirarse para dejarlo dormir. Le había dicho primero..., por tanto, tenía que haber un segundo punto y si no se lo decía ahora, era probable que otro día se le olvidara preguntarle. ¡Su abuelo tenía siempre tantas cosas interesantes por decir!

–¿Y el segundo? –Ezequiel no se pudo resistir a formularle la pregunta que le rondaba. El abuelo salió de su abstracción y lo miró sorprendido. Se notaba que no sabía a qué se refería. –Me has dicho que el primer punto por lo que la verdad es de los valientes es porque no todo el mundo es capaz de mostrársela a sí mismo. Pero, ¿y el segundo?
–¡Ah!, pues..., lo que habíamos hablado antes. Hay que ser capaz de afrontar las enemistades que surgirán de la nada por atreverte a destapar tu propia transparencia. Se requiere valor porque el camino se volverá de espinas. Las mismas personas que ahora te aman, pueden hacerte sangrar si osas llevarles la contraria en según qué cosas.

La expresión del niño se tornó de espanto. El hombre, al darse cuenta del efecto que habían tenido sus palabras, dio unas sonoras carcajadas las cuales, tuvieron la destreza de suavizar el rostro del pequeño hasta llevarlo a la sonrisa.
–No te preocupes por eso, Ezequiel. Para todo hay un antídoto. –El hombre se incorporó para revolverle cariñosamente el pelo a su nieto, sin dejar de regalarle algunas risas más.
–¿Y me lo darás, abuelo? –preguntó tímidamente, mientras encogía la cabeza entre sus hombros.
–Por supuesto, pequeño, por supuesto.


CONTINUARÁ

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Como autora, es un aliciente para continuar la historia que, de momento, no tiene un número de entregas predefinido.
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