UNA CREENCIA SUTIL Y UN ANHELO OCULTO


Foto de Matthew Wiebe

Cuando estás en el sendero del trabajo personal, -usando la técnica que sea-, una vez que sientes la paz inundándote y el amor expandiéndose a raudales dentro de ti, puede pasar que si, por momentos o por días, sales de ese fluir, de alguna forma te lo recrimines.
No terminas de aceptar seguir cayendo en emociones dolorosas o en pensamientos estresantes.

Pero creer que no debes seguir teniendo esos bajones -aunque tan sólo duren unos minutos o unas horas-, es también eso: una creencia. Sin nubes, no hay lluvia y sin lluvia, no vemos el esplendor de la vida brotando, creciendo, expandiéndose...

A mí me ocurrió.

Después de venir de un camino de profundas depresiones, pude ver lo mucho que mi trabajo interior me había ayudado. Había ganado tanta paz, risas, conexión con mi ser y me había liberado de tanta carga... Pero a veces, cuándo de pronto me enfadaba o me ocurría algo que me alejaba de ese fluir, me preguntaba: "¿por qué todavía está esto en mí?"

No se trataba de una falta de aceptación. Descubrí que se trataba de un anhelo. A pesar de que esas pequeñas turbulencias duraban muy poco (no tenían nada que ver con las de antaño. Lo que antes me podría haber durado días, o semanas o meses o años, ahora me duraba minutos o como mucho unas horas, lo justo hasta que me diera cuenta de lo que me pasaba y lo liberara).
Como decía, aunque aceptaba el problema, lo que me quitaba la paz era el anhelo de mantenerme siempre feliz y en paz. Al 100%.

En cuanto capté esto que estaba muy escondido en mí, lo acogí con ilusión para cuestionarlo (cuestionar el pensamiento). Y encontré en inspiración, esto que comparto contigo:

Está bien no vivir todo lo que hablo -y todo lo que creo-,
acerca de la paz, la felicidad y el amor,
cada momento, cada segundo de mi vida, -sin pausas...-,
simplemente por ser libre de mis propias palabras, de mis propias intenciones, de mis propias teorías, de mis propias prácticas...
Por encima de todo intento de perfección,
prefiero ser libre.

Fue liberador. Desde entonces, amo todo de una forma mucho más profunda. Mis momentos buenos y mis momentos malos. No encuentro ninguna guerra dentro de mí al respecto. 

Y como ocurre cuando la consciencia penetra en tu ser, en el momento en que he dejado de anhelar, -aunque ese anhelo era tan sutil que me había pasado desapercibido-, la felicidad está aún más presente. Un torbellino de energía me impulsa a hacer -y a tener- infinitos momentos de plenitud.

Todo el cambio ha ocurrido en mi interior, no hay nada ahí fuera que lo haya provocado. Pero el salto ha sido abismal.


Y tú, ¿eres consciente de algún deseo profundo que sabotee tu felicidad? ¿Usas alguna técnica para soltarlo? Cuéntame.

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