1 EFECTO CURIOSO DE LAS LIBERACIONES EMOCIONALES



Hace tiempo que quería compartir contigo un efecto muy interesante que noté cuando me volví muy persistente con mi trabajo interior (liberando emociones, cuestionando pensamientos e indagando mis deseos).
Hablo en pasado porque, conforme avanzo con las liberaciones y me hago más consciente, este efecto es menos reactivo, casi imperceptible, o simplemente, no se da.

Por ejemplo, una situación que antes me hacía enfadar y/o discutir, dejó de molestarme.
O incluso, no se daba la situación (cambia el exterior).
Estos dos efectos son lo más comunes cuando trabajas con tu interior.

Pero en algunas ocasiones, -y es de esto de lo que quiero hablar-, ocurría algo curioso. Podía reaccionar enfadándome pero sin creerme mi propio enfado.  

Me hacía muy consciente de que repetimos patrones y reacciones de forma automática, normalmente sin darnos cuenta. Es como decir: ahora tengo que enfadarme. Ahora tengo que ponerme triste. Ahora.. Y desencadenamos toda una serie de elementos internos -muy molestos- para que esto ocurra.
Sólo porque hemos aprendido -ya sea de nuestros padres, familiares, amistades o de la sociedad en general-, que en una situación como esa, lo normal es reaccionar así.

Entonces, ocurría: una parte de mí observando a esa parte automática. 

Como si estuviese interpretando un guión. Me enfadaba sin sentir ese enfado. Una fachada actuando por su propia cuenta. Hasta que de pronto me decía a mí misma -y a veces en voz alta a la otra persona-: ¿qué estoy haciendo? (o ¿qué estoy diciendo?) Espera...

¿Por qué seguir interpretando algo que ni yo me creía?
Me hacía muy consciente de la conducta aprendida. Ese actuar en automático. Así que, simplemente, detenía la película. Sonreía, me reía, pedía perdón, rectificaba... (según el caso). Afrontaba la situación de una forma coherente con mi interior. Y entonces, todo se volvía real. Auténtico para mí.

Creo que esto se acerca a lo que se comenta en meditación de ser consciente del observador. Esa parte de ti que observa lo que haces, lo que piensas. Sólo que yo no medito de forma tradicional. Mi meditación es una meditación activa (sobretodo cuando trabajo con mis pensamientos, porque al indagarlos me libero de ellos) ¡y es tan práctico! Mis maestros son las personas que me rodean. Las situaciones que se me presentan. El día a día. Y el resultado es crecimiento, paz, libertad, amor e inspiración.


¿Has tenido experiencias parecidas? ¿O tal vez otras que te gustaría compartir...? 

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